Qué ver y qué hacer en Cádiz

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Cádiz es de lo más conocida por su Carnaval, pero más allá de las fiestas y las chirigotas, esta ciudad tiene mucho que ofrecer a todo aquel que la visita. Para empezar conviene recordar que es una de las ciudades más antiguas del continente europeo, ya que fue fundada, allá por el 1100 A.C. por los fenicios. Es decir, que historia para contar tiene y mucha. Por su ubicación siempre ha sido una zona disputada para el comercio, ya que está estratégicamente situada entre Europa y África.

Los mismos romanos se dieron cuenta de esto y establecieron allí una base marítima, que pasaría a ser empleada años después por los musulmanes a raíz de su conquista. Hoy en día hay unos cuantos hoteles en Cádiz para satisfacer a los más exigentes (como el IBEROSTAR Andalucía Playa) y eso será lo primero a reservar para asegurar unos días únicos.

Aunque atrás quedaron sus años de máximo esplendor por todo lo que el comercio le brindaba, Cádiz sigue siendo un punto de referencia en España y ahora está ciudad andaluza ofrece otras tantas cosas qué ver y que hacer. Resultaría casi imposible enumerarlas todas, pero he aquí algunas de las más destacadas.

Visitar sus torres. La ciudad de Cádiz está repleta de torres. Su origen , precisamente, se encuentra en los tiempos en los que el comercio tenía más peso en este lugar. Sencillamente, servían para vigilar todo lo que entraba y salia del puerto. Es la Torre de Tavira la que tiene, quizás, una mayor relevancia porque gracias a su ubicación y a su altura fue la principal que cumplía con las labores anteriores. Quienes suban a ella podrán no sólo disfrutar de unas espléndidas vistas de la ciudad, también contarán con una presentación en su Cámara Oscura.

Museo de Cádiz. Como ya mencionamos este es un lugar con mucha historia y no hay mejor manera de acercarse a su pasado que visitando el museo creado con esta misión. Se encuentra en la Plaza de Mina y allí aguardan pinturas, estatuas y hasta sarcófagos.

Plaza de las Flores. Es como se conoce a este lugar pero, en realidad, su nombre es Plaza de Topete. Sencillamente, todos los vendedores que suelen estar por este lugar con flores (obviamente) hicieron que el primero de los nombres acabara por popularizarse mucho más. En este lugar siempre hay bullicio y ambiente. Si lo que se busca es el buen pescaíto frito, aquí es donde van los mismos gaditanos, así que es un lugar imprescindible por el que pasar.

Playa de la Caleta. Es una de las playas más conocidas y se convirtió en todo un referente para numerosos artistas que encontraron en este lugar (ubicado entre dos castillos, el de San Sebastián y Santa Catalina) una fuente inagotable de inspiración. Las vistas en esta zona son idílicas y siempre invitan al paseo tranquilo y romántico. Si se tiene la oportunidad, no hay que perderse sus amaneceres y atardeceres .

La Catedral. Aunque hablemos de una de ellas, en realidad Cádiz cuenta con dos catedrales. La más moderna se empezó a construir en el año 1776 y la obra se mantendría durante más de un siglo. Precisamente por esta demora es por lo que el visitante podrá apreciar, a primera vista, que existen dos tipos de piedra en su fachada. Lo mismo ocurre con sus estilos. Aquí el barroco y el neoclasicismo caminan de la mano, algo un tanto singular.

Parque Genovés. Este lugar invita al descanso y a la desconexión. En él se encuentran multitud de plantas y árboles que fueron traídos desde las Américas en el momento en el que Cádiz servía como un punto clave en el comercio. En su recorrido no faltan estatuas y fuentes. Desde que fue construido (siglo XIX) no ha dejado de atraer a gaditanos y viajeros. Si se tiene tiempo, a buen seguro resultará ser una agradable sorpresa.

Comprar atún fresco. Sí, es hora de pasarse por la Plaza del Mercado (eso sí, cuanto más pronto mejor, aunque no guste mucho madrugar) Los mismos mayoristas japoneses se disputan este preciado pescado en las lonjas y hacen todo lo posible por llevárselo a Tokio. Si se degusta, simplemente a la plancha, se sabrá el porqué de tanto revuelo.

Comer churros en la Caseta de Manolo. No hay fiesta que se precie que no acabe en este lugar. De hecho, suele ser tal su éxito que casi siempre está hasta los topes y quienes no saben esperar optan por otros lugares, pero este tiene un encanto especial y hacen los churros como nadie (en su punto y sin exceso de aceite)

Aprender otro ‘dialecto’ en el ‘Piojito’. Se trata de un mercadillo callejero donde no se habla gaditano, sino una variante del mismo. A quienes son extranjeros les resulta imposible de entender y a los propios españoles les cuesta descifrarlo, pero esa es parte de su encanto. De lo que no se libra ni uno solo de los que por aquí pasan es de alegrarse el día. Eso sí, sólo se encuentra los lunes.

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